Blogia
| inquietud |

Relaciones

Tranquilidad...

Os cuento...

Hoy he tenido el placer de poder comer con mi buena amiga Elena, además de con otra gente. Tenemos una relación muy especial, aunque desde ya aclaro que no tenemos ningún tipo de interés mutuo dado nuestra amplia diferencia de edad y otras muchas cuestiones que hacen imposible que tengamos una relación.

Especial. Sí, especial porque es una de las pocas personas que entienden perfectamente qué siente alguien que tuvo que asumir que el amor de su vida desaparecía para siempre, que decidía tomar un camino distinto y que por tanto te abocaba a un nuevo mundo que hasta el momento ni hubieras imaginado. Sí, alguien a quien también un día dejaron.

Yo diría que la conversación con Elena ha sido el detonante definitivo para que me decidiera a abordar la empresa diaria de plasmar en este blog muchos pensamientos que siento la necesidad de expresar. Y el tema central de la conversación ha sido precisamente la antítesis del título de este espacio: la tranquilidad.

¿Qué nos sucede? A pesar de que uno sea capaz de reconducir su vida, volver a triunfar en el trabajo, sentirse agusto consigo mismo, disfrutando de la independencia, de apreciar el cariño de los amigos, emprendiendo nuevos retos que ilusionan... a pesar de todo eso, ¿por qué no estamos tranquilos?. Es curioso, porque los dos hemos coincidido en que la frase que más acabamos pronunciando cuando nos desahogamos es "Yo sólo quiero tranquilidad".

¿Por qué no podemos evitar sentir en el fondo cierto desasosiego? ¿Por qué no te acabas de sentir completo? ¿Tan importante es volver a sentir el amor o esperar cierta justicia divina? Es curioso, porque me da la sensación de que somos muchos los que hemos conseguido convertir la desesperación en tristeza, la tristeza en inquietud, la inquietud en actos que nos llevan hacia algún lado... pero en el fondo no podemos impedir sentir desasosiego... por eso "sólo queremos tranquilidad".